
Escrito por: Héctor Mauricio García
A lo largo de la historia, las especies son sometidas a constantes evaluaciones por parte de su entorno para determinar cuales son las mas fuertes y pueden sobrevivir. Este derecho a permanecer sobre la faz de la tierra muchas veces se hereda, pero en algunos casos se gana como ocurrió con la raza humana, asumiendo su surgimiento desde un punto de vista evolutivo y no teológico, donde a pesar de sus características morfológicas que para aquella era prehistórica representaban severas desventajas competitivas, poseía la inteligencia y la facultad de formar sociedades que la han puesto hasta el día de hoy en la cima de la cadena evolutiva.
Desde el primate hasta el homínido, desde las cavernas hasta la gran ciudad, la humanidad ha pasado por muchas etapas y procesos de depuración donde se ha ido modificando lentamente sus propiedades según las necesidades de la especie en el medio, y son precisamente estos procesos los que determinan el comportamiento y el funcionamiento de nuestro cuerpo, sus acciones, matices, ventajas y desventajas.
El ADN es nuestra memoria genética, gracias a él las características propias de la humanidad pasan de generación en generación, combinándose una y otra vez para que en teoría se produzcan individuos mas fuertes y mejor adaptados al ambiente, pretendiendo así establecer permanentemente un control y un orden burocrático que delega funciones específicas a determinado conjunto de células, las cuales a su vez se organizan en entes más complejos y más sofisticados que al final conforman los diversos tipos de sistemas del cuerpo humano.
Desde este punto de vista, el cuerpo humano puede ser interpretado como un gran ejercito armado, donde hay una gran diversidad de tropas que poseen diferentes funciones como abastecer las huestes con alimentos, entrenar a la milicia, hacer labores de inteligencia, especializar las unidades en diferentes tipos y estilos de combate y dirigir y organizar los regimientos para así obtener mejores y más eficientes resultados en el campo de batalla. A su vez el cuerpo humano puede ser análogo con un mercado de bienes y servicios en el cual diferentes tipos de empresas producen materiales o productos que son necesarios para el funcionamiento de otras entidades que prestan un servicio a sus semejantes y que en conjunto conforman en el papel un ciclo estable de la dinámica de la economía donde el mercado se autorregula.
Compilando todo lo anterior, se determina como el cuerpo humano establece un sistema organizacional donde son pocas las cosas que se dejan al azar y donde cada célula tiene gracias al ADN tareas predeterminadas que ejecuta en su mayoría de forma armónica con el resto de órganos, y donde las células madre proporcionan eventualmente reemplazos para cubrir los desgastes de las diferentes partes del cuerpo producto de la cotidianidad o de lesiones.
Dejando un poco la herencia a un lado, es importante enfocarse en el cerebro, órgano al cual debemos nuestras capacidades intelectuales y de razonamiento.
Los peligros que tenían nuestros antepasados como la defensa de bestias salvajes o la búsqueda constante de alimentos debida a sus características nómadas han sido modificados y prácticamente olvidados por la humanidad, pero ahora a mi juicio, y es precisamente debido a esa capacidad de decisión, el peor enemigo que posee la raza humana es ella misma, la amenaza ahora son sus comportamientos y sus procederes.
Debido a los cambios culturales y los sofismas incrustados y arraigados en muchas sociedades, la humanidad atenta contra su ambiente y sus semejantes. La polución, los virus y los diferentes agentes patógenos que están presentes en la actualidad son en su mayoría debido al uso inadecuado de los recursos naturales entre otros factores que afectan rigurosamente a buena parte de la población y atacan el cuerpo humano hasta el punto que nuestro sistema inmunológico no puede controlar ni contrarrestar eficazmente la enfermedad, y estas se muestran cada día mas resistentes a los medicamentos desarrollados por los hombres gracias a sus avances intelectuales y tecnológicos.
La herencia genética trae consigo toda aquella información refinada por generaciones, pero también esto implica el desarrollo de patologías que tradicionalmente han afectado a una familia, y la trasmisión de estas debilidades a su descendencia.
Deformaciones, desordenes genéticos y la propensión al surgimiento de enfermedades son producto de una serie de costumbres y políticas de carácter acumulativo donde los alimentos y los hábitos son cada vez menos saludables, el ambiente es mas contaminado y el mundo parece mostrarnos cada día una cara menos amable debido a su incorrecto uso y explotación. La tierra se sacude constantemente, produce tormentas, inundaciones y erupciones de volcanes…pareciera que quisiera mandar un mensaje a los que en su superficie habitan. La codicia desmedida, la industrialización acelerada y poco planeada, la falta de orden y los errores cometidos pero pocas veces corregidos son una muestra de cómo el intelecto y la falta de sentido de trascendencia y del bien común del ser humano amenaza con auto destruirlo. Por momentos pienso que en medio de un gran corrupción y caos hay alguna especia de armonía, pero es entonces cuando me doy cuenta que lo que vivimos es lo que he denominado una armonía del desorden, donde ya son pocos los que piensan en sus semejantes y en los otros seres vivos en vez de sus intereses personales, y donde día tras día se replica, se enseña y se reproduce un modelo que promete acabar en menos de un siglo lo obtenido en toda una era evolutiva.
Por eso es importante la formación de líderes con criterio, capaces de sinergizar los esfuerzos humanos en pro de un bienestar colectivo que de una forma u otra en un futuro se vera reflejado en las perspectivas de vida y la calidad de la misma, donde se detiene la deshumanización de la humanidad que convierte al hombre en bestias mercenarias.
El mundo y el cuerpo humano son inmensamente parecidos, y así como podemos dormir tranquilos sabiendo que nuestro cerebro se encargara de nuestra respiración y nuestro ritmo cardiaco sin causarnos perjuicios mientras nos desarrollamos, y que nuestro sistema linfático nos defiende de amenazas exteriores, los lideres del mundo deben de luchar por garantizarles a las sociedades que la humanidad se desarrolla en unión con la naturaleza, saneando efectivamente a los aparatos organizacionales de aquellos agentes patógenos, corruptos y sedentarios que neutralizan y detienen la evolución intelectual para que así el mundo duerma verdaderamente tranquilo.

